El Covid 19 ha cambiado nuestras vidas para siempre. En una época de nuestra vida donde las autoridades nos obligan a mantener una distancia social de dos metros, muchas cosas normales en nuestra antigua normalidad son inviables ahora. Elementos como la mascarilla o los test de antígenos han llegado para quedarse, y más allá de la efectividad de estos elementos frente al virus, está claro que las personas y las empresas deben adaptarse a las nuevas circunstancias para sobrevivir.

Otra cosa que ha llegado para quedarse es el teletrabajo. Antes de la pandemia, sólo el 2% de los empleados por cuenta ajena tele trabajaban y ahora se ha convertido en algo de lo más común.

Esto ha hecho que muchas empresas se replanteen la necesidad de mantener una oficina física que les cuesta muchos miles de euros al mes, que se podrían ahorrar con todos los trabajadores en casa, lo cual se convierte en un chollo para la empresa, se ahorra el alquiler del edificio, la luz, el gas, los ordenadores y, sobre todo, lidiar con la multinacional que le mantiene el ascensor.

Muchas otras empresas consideran que no pueden estar sin tener una oficina física, pero están replanteándose la situación. La mayoría de empresas están valorando reducir la densidad de sus oficinas a la mitad, con tal de mantener la distancia social.

Pero hay un hecho que está alarmando a las grandes multinacionales del sector del ascensor y es que muchas grandes empresas que hasta ahora tenían su sede en varias plantas de imponentes rascacielos de Nueva York, Londres, Tokyo o Madrid, están empezando a dejar esos espacios y marchándose a edificios de una o dos plantas sin ascensor en polígonos industriales y el motivo principal, a parte del ahorro en alquiler y otros gastos fijos es el ascensor, es poder mantener una distancia social que en los ascensores es imposible.

Si aplicamos estrictamente un distanciamiento social de dos metros, es posible que la capacidad máxima de los ascensores disminuya en un 90%, lo cual hace imposible que quienes trabajan en un rascacielos lleguen a sus puestos de trabajo de forma adecuada.

Los expertos aseguran que en un mundo post covid, la población estará tan acostumbrada al distanciamiento social, que no querrá volver a estar aglomerada en medios de transporte tan cerrados como los ascensores.

Pero no se preocupen, porque nuestras queridas multinacionales tienen un plan B para seguir facturando a toda costa. Según el economista NICHOLAS A. BLOOM, Profesor de la universidad de Stanford, el futuro de los ascensores de gran ocupación pasará por introducir precios al estilo de las compañías aéreas.

En palabras de Bloom:

“Por ejemplo, el alquiler del metro cuadrado de oficina por metro cuadrado podrían reducirse en un 50% y poner un precio elevado al uso del ascensor durante las horas punta de la mañana y la tarde. Cargar a las empresas 10 dólares por viaje en ascensor –entre las nueve menos cuarto y las nueve y cuarto de la mañana y las cinco menos cuarto y las cinco y cuarto de la tarde– las alentaría a escalonar su jornada laboral. Eso trasladaría el tránsito en los ascensores a períodos valle con exceso de capacidad. Estamos pasando de un mundo con escasez de espacio de oficina a otro con escasez de espacio de ascensor, y los propietarios comerciales deberían considerar cobrar a sus clientes en consonancia con ello.”

Osea, aquí los únicos que nunca pierden son los CEOS de las multinancionales del sector del ascensor. Son capaces de encontrar cualquier excusa para cobrar más y más. En esta ocasión usando a un doctor universitario para que vaya dando conferencias acerca de cómo será el futuro y allanando el terreno para lo que buscan desde hace tiempo: cobrar una entrada por uso del ascensor.

El mundo está lleno de jetas, pero en el sector de la elevación hay sobrepoblación.

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