Hoy Vamos a explicar un trágico accidente que conmocionó al barrio de Salamanca en Madrid hace tres años y que aún está sin esclarecer del todo.

Ellos eran Belén Jordana de Pozas y Jose Amián. Ambos tenían 17 años, eran novios e iban juntos al exclusivo colegio Nuestra Señora del Rosario. Acababan de terminar los exámenes de segundo de Bachillerato y les quedaba una semana para presentarse a selectividad. Ella quería estudiar derecho y él empresariales. A ambos les esperaba un prometedor futuro cuando la fatalidad se cruzó en su destino.

Para celebrar el final del curso organizaron una pequeña fiesta para los amigos  en el ático del edificio donde Belén vivía con sus padres y que además era propiedad de estos, en el número 4 de la calle Hermanos Bécquer, entre la calle Serrano y la Castellana, una de las zonas más caras de la capital española.

La fiesta trascurre en una zona común estilo chillo out ibicenco, con camas balinesas y vistas a la principal arteria de la ciudad. A las 16:50 de la tarde, la pareja decide ir a por tabaco a la sexta planta, donde vive Belén con sus padres. Un lujoso piso de 300 metros repleto de obras de arte propiedad de la madre de la joven, una conocida coleccionista.

Belén y José se montan en el ascensor principal, aprietan el botón del sexto y se abrazan apoyando sus cuerpos en la parte trasera de un elevador acristalado que se había instalado hacía 10 años. Pocos segundos después llega la inesperada tragedia: la silicona que unía un gran espejo al cristal posterior cede y éste se desploma. Los novios caen al vacío por un hueco de apenas un metro donde están colocados los contrapesos y mueren en el acto.

Unos compañeros que esperaban en el rellano se dan cuenta de lo ocurrido y la fiesta se convierte en luto. Llegan los servicios de emergencias, pero ya no hay nada que hacer.

¿Qué pudo ocurrir para que se desencadenara ese fatal desenlace? El ascensor era un aparato original de los años 40, de diseño clásico y lujoso de la marca Silves. Esta empresa fue adquirida en 2005 por la multinacional alemana Thyssenkrupp, quien era responsable del mantenimiento del ascensor en el momento del trágico accidente.

En 2006, poco después de que Thyssenkrupp tomara las riendas del mantenimiento del elevador, se realizó una obra de remodelación donde no se modificó la estructura enrejada del exterior, debido a su valor histórico. La operación costó 80.000€ y el elevador pasó todas las revisiones oficiales posteriores sin ningún tipo de problema, incluyendo la última en abril de 2017, sólo un mes antes del accidente.

¿Qué ocurrió realmente? ¿Cómo pudo desprenderse parte del aparato? ¿Quién es el responsable de que el ascensor no se encontrase en las mejores condiciones?  Todas esas preguntas trataron de responder los agentes de la policía científica, que en seguida puso el ojo en Thyssenkrupp, quienes fueron interrogados para tratar de esclarecer el asunto.

Si quieren saber las respuestas sigan atentos a Spúblico.

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