Siempre se dice que la justicia es ciega. Y lenta. Y muchas veces exasperante y hasta injusta.

Hay veces que un caso en concreto salta a la luz pública por la polémica que genera la decisión de un tribunal, iniciándose un juicio paralelo en los medios y en las redes sociales. Casos como las niñas de Alcasser o la sentencia de la manada son dos claros ejemplos de cómo a veces la indignación por el proceder de la justicia llega a las calles.

Pero muchas veces, no se sabe muy bien por qué, hay casos que se silencian. Se quedan en un breve en las noticias locales. Podríamos mencionar el caso del hombre murió en un ascensor mantenido por OTIS en Benicassim en Nochevieja, un escándalo del que sólo este medio parece preocuparse o de otro caso envuelto en el misterio, el del Bar España, también en la provincia de Castellón, donde una red de pedrastras habría estado cometiendo atrocidades con niños con total impunidad.  

Hoy les vamos a hablar de otro caso silenciado, donde la justicia en este país demuestra que es todo menos justa. ¿Qué pena creen que merecería un adulto que abusa de una niña continuadamente desde los 5 a los 10 años?

Probablemente su respuesta no esté amparada en nuestro código penal. Pero cualquiera podría entender que este hombre merecería una condena de 30 años para arriba. Pues no. En nuestro país este criminal sólo tuvo una pena de 3 años y nueve meses de cárcel.

Los magistrados consideraron que no era culpable de agresión sexual ya que los abusos no se produjeron con violencia. «No se ha probado que la menor opusiera resistencia física o protestara, llorara o gritara, siendo habitual que volviera a la casa del acusado toda vez que éste le hacía regalos diversos para contentarla», dice el documento en reiteradas ocasiones.

En este caso los peritos judiciales aseguran que la niña fue sometida sexualmente de forma regular por su vecino adulto, pero para los jueces, como no se puede probar que hubo violencia física o intimidación, le rebajan la calificación delictiva a abuso sexual.

«Cierto es que la niña ha dicho en todo momento que en algunas ocasiones trató de zafarse y de quitarse al procesado de encima, llegando incluso a pegarle -ella a él-. Sin embargo la Sala detecta algunas contradicciones que le inclinan a dudar de la concurrencia de tal violencia o intimidación. Dijo en el juicio que cuando el procesado le hacía lo que le hacía ‘pensaba que era un juego’, expresión que difícilmente se compadece con la concurrencia de violencia física o de intimidación», añade la sentencia.

Pero eso no es todo, hay una parte aún más polémica, atención a este fragmento de la sentencia «una niña de 5, 6, 7 o más años no va voluntariamente a una casa donde su morador le pega, le agrede, le coacciona o la intimida. La niña no era llevada a la casa del procesado: iba ella sola. Y la razón de tal asistencia la explicó ella misma: el procesado le regalaba todo aquello que su padre no le regalaba».

¡O sea que la niña tiene que darle las gracias a su violador! ¿En que mundo vivimos?

La audiencia, por lo tanto, se muestra convencida de que el acusado «le efectuó tocamientos y actos lascivos que cada vez fueron a más: primero, aprovechando actos de aseo de la misma, luego desnudándola, hasta terminar acariciando y besando la zona genital de la chica o masturbándose sobre ella», de modo que condena al acusado por un delito continuado de abusos sexuales, con una pena de tres años y nueve meses de prisión, la prohibición de acercarse a la víctima durante 6 años y una indemnización de 6.000 euros.

Teniendo en cuenta que esta sentencia es de 2017 es más que seguro que este acosador de menores está de nuevo en la calle haciendo de las suyas ¿Quién se puede sentir seguro con esta justicia nuestra? Luego no nos sorprendamos si un padre decide tomarse la justicia por su mano.

avatar
  Suscríbete  
Notificar de