Para una comunidad de vecinos de Oviedo montar en ascensor se convirtió en un auténtico infierno. Lo habitual pensarán, pero este caso es diferente a los que solemos relatar aquí. En esta ocasión la culpa no era de la empresa mantenedora.

Los vecinos de ese bloque de viviendas cada vez que se montaban en el ascensor lo encontraban lleno de arena, escupitajos en las paredes, manchas de fruta por todas partes y hasta mocos pegados en los botones. El guarro que hizo todo esto no era el típico adolescente rebelde ni un viejo con síndrome de diogenes, si no el portero de la finca.

Así quedó registrado en los videos de las cámaras de seguridad. El portero cochino llevaba trabajando tres años en ese edificio hasta que el 5 de febrero de 2020 recibió una carta en la que se le anunciaba su despido disciplinario por “venir realizando reiterada y sistemáticamente, actos maliciosos y vandálicos contra los bienes de la comunidad de propietarios”.

Antes de estos hechos, el administrador de esta propiedad colocó un cartel sobre el ascensor en el que se podía leet: “Se han detectado distintos actos de desatención y cuidado, e incluso vejatorios, en el uso de los ascensores. En tal sentido se advierte expresamente que, en caso de reiterarse dichos actos, se procederá a formular la oportuna denuncia penal y a solicitar formalmente la extracción de las imágenes de las cámaras de seguridad”.

Finalmente la denuncia se llevó a cabo y la policía pudo ver el contenido de las imágenes, donde se podría ver al conserje en diferentes actitudes, cada cual más vandálica y asquerosa: se le veía pegando violentas patadas a las paredes, limpiarse las suelas de los zapatos en el interior del camarín, escupir en el espejo y accionando a la vez todos los botones del ascensor. En otro vídeo se le veía restregando frutas en las paredes y botoneras para más tarde liarse a patadas con las paredes del ascensor. Pero sin duda la acción más desagradable que quedó grabada fue cuando llenó las paredes, los botones y el espejo del ascensor de escupitajos y mocos.

Cualquiera puede entender que todo eso es motivo más que justificado para despedir a una persona, especialmente si es el responsable del cuidado y la limpieza de la escalera y el ascensor. Y, efectivamente, es lo que hizo la comunidad lo puso de patitas en la calle. Pero cometieron un error de forma: avisaron al portero de su despido por burofax 9 días antes de comunicárselo a los sindicatos.

Resulta que el convenio colectivo de empleados de fincas urbanas establece en su artículo 21 una norma de obligatorio cumplimiento para las comunidades de propietarios empleadoras, que dice: la comunidad que decida expedientar a un trabajador ha de comunicarlo a los sindicatos para que estos actúen de mediadores, y de no haber comunicación la sanción quedara sin efecto.

Como en ese caso la comunidad no informó del despido a los sindicatos, por lo que la sanción queda anulada automáticamente y el trabajador debe reincorporarse a su puesto de trabajo. Así lo confirmó el juzgado de lo social número 1 de Oviedo, que obligó a la comunidad o bien a indemnizar al portero con casi 6000 euros o a reincorporarlo al calificar el despido como improcedente.

Imagínense a esos p obres vecinos teniendo que ver la cara a quien les llenó el ascensor de mierda y mocos. Bueno, pensándolo bien, esos pobres usuarios deben estar más que acostumbrados a que su empresa de mantenimiento, si se trata de una multinacional, les mee encima y diga que llueve.

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