Todos estamos pagando las consecuencias de la pandemia mundial del coronavirus. Algunos han sufrido en sus propias carnes la enfermedad, con terribles consecuencias o incluso la muerte, pero todos hemos padecido la crisis económica derivada del confinamiento. ¿Todos? ¡NO!

Un  pequeño grupo de privilegiados han podido resistir el envite económico sin ver reducidos sus ingresos y en muchos casos sin dar palo al agua durante meses. Nos referimos a los funcionarios.

Trabajadores de los servicios públicos que han estado cobrando todos estos meses, sin verse sometidos a ninguna clase de ERTE ni de reducción del salario. Muchos de ellos han estado cobrando, literalmente, por estar en sus casas viendo la tele.

Está fuera de dudas que hay una serie de funcionarios que han estado al pie del cañón todo este tiempo, como son la policía, el ejército y sobre todo, los sanitarios.

¿Pero cuantos otros funcionarios han estado chupando del bote sin hacer nada durante todo este tiempo? ¿Cuánto dinero supone eso para las arcas públicas?

Y lo que es peor, todo el tiempo que no trabajaron supuso una acumulación brutal de trámites que quedaron durmiendo el sueño de los justos. ¿Cuántos ciudadanos se quedaron pendientes de alguna resolución administrativa? ¿Cuántos quedaron sin poder cobrar ayudas que tenían concedidas por el parón administrativo? ¿Cuántos inmigrantes quedaron con sus papeles retenidos en extranjería durante meses sin saber en que situación legal estaban?

Los políticos, lejos de buscar soluciones para hacer una administración más ligera y productiva, se llenan la boca con nuevas medidas sociales, como el ingreso mínimo vital, que acaparó todos los titulares hace unos meses y que sirvió para hacer ver que Podemos hace algo en el gobierno, pero que a la hora de la verdad, casi nadie ha cobrado aún por problemas burocráticos.

Y es que a pesar que en teoría los funcionarios están trabajando, en muchas oficinas no atienden al público, ni si quiera atienden al teléfono y los ciudadanos se encuentran desesperados sin una noción de cuando se resolverá su problema.  

En España hay 2’6 millones de funcionarios públicos y muchos de ellos no son capaces de hacer su trabajo, que consiste en asistir al ciudadanos que paga sus sueldos. Algo que afecta a todo el mundo, como demostró el otro día el popular actor Antonio Resines, indignado con el trabajo de los servicios públicos.

También son esclarecedoras las reflexiones del youtuber El Arconte, no se las pierdan.

Seguiremos informando.

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