A Torra le crecen los enanos.

Tras dedicarse en los momentos más duros de la pandemia a llorar porque el gobierno central le había quitado las competencias. Algo que realmente nunca sucedió. Ahora que por fin tiene potestad para hacer lo que quiera, no para de tomar decisiones erráticas que ponen de los nervios a los catalanes.

Ha habido manifestaciones masivas en Lérida en contra de su gestión, algo impensable hace poco, ya que el procés se inundaba todo el espacio público tapando otros aspectos de la gestión política.

Un ejemplo de esta pésima gestión fue cuando Torra, en una rueda de prensa dijo en Catalán que los ciudadanos se confinaran por motu propio y evitaran salir si no era necesario, mientras que en inglés animaba a los turistas a llegar en masa a Catalunya, ya que el rebrote estaba controlado. La bipolaridad (o la hipocresía) hecha política.

Otra cuya gestión se ha limitado a echar la culpa a los demás, ya sea a Madrid o a los propios ciudadanos es la consellera de salud Alba Vergés, a quien el sindicato de enfermeras de Cataluña pide su dimisión. Para ellas la gestión sanitaria de la pandemia es  “inadmisible” y acusa la consejera de “no dejarse asesorar por los profesionales que conocen la salud pública catalana y la realidad vivida previamente”.

El sindicato se ha dirigido por carta a la consellera en varias ocasiones y nunca han obtenido respuesta. Consideran que ha premiado con contratos millonarios a empresas privadas y ha despreciado la atención primaria.

¿Hasta cuando durará esta pésima gestión que pone en peligro la salud de los ciudadanos?

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