La crisis del coronavirus va a dejar tras de si otra igual de mortal pero mucho más duradera; la económica. Y el gobierno no sólo no está haciendo lo correcto para evitar el desastre, si no que echa gasolina al incendio con su pésima gestión.

La parte podemita del ejecutivo está pendiente exclusivamente de la propaganda. Pablo Iglesias lleva meses anunciando la famosa renta mínima vital, mientras los ancianos mueren por miles en las residencias que están bajo su competencia y un millón de empleados afectados por un Erte y autónomos con el negocio cerrado, siguen sin cobrar las prestaciones prometidas por el gobierno y los créditos solicitados por los pequeños empresarios para cubrir sus gastos fijos.

Hay medio millón de trabajadores españoles, de los tres millones y medio que se han visto afectados por un ERTE, que llevan dos meses sin cobrar nada. EL 15 de marzo los enviaron a sus casas y a día de hoy no han recibido un euro con el que pagar la hipoteca, el alquiler o sencillamente llenar la nevera.

De la misma manera 600.000 autónomos se han quedado sin acceso a liquidez por que no llegan los prestamos ICO que solicitaron tras cesar su actividad, obligados por el estado de alarma.  

Muchos de estos trabajadores y autónomos se ven abocados a acudir a los comedores sociales que muchos ayuntamientos, parroquias y asociaciones vecinales han puesto en funcionamiento. En Madrid más de 100.000 personas pueden comer cada día  gracias a la caridad.

Unas imágenes que tristemente recuerdan a las cartillas de razonamiento de la postguerra.

Sin embargo, la administración no ha tomado ninguna medida que podría paliar esta situación, como bajar los sueldos de los cargos públicos, hacer un erte entre los funcionarios o al menos realizar una bajada del gasto en nóminas durante la crisis. Recordemos que sólo una parte de los parlamentarios y senadores están activamente trabajando y que la mayoría de funcionarios no esenciales están en sus casas, cobrando sus sueldos íntegros pagados entre todos los españoles.

Todo este caldo de cultivo está hartando a la población y ya están empezando las manifestaciones en las calles. La mecha se inició en el céntrico barrio de Salamanca en Madrid, donde cada día se manifiestan centenares de personas contra el gobierno. Todo hace prever que estas protestas se vayan extendiendo como una mancha de aceite por toda la geografía española, llegando a barrios más humildes donde la población sufre en sus estómagos la mala gestión del gobierno.

¿Debemos prepararnos para la irrupción de unos chalecos amarillos con mascarilla y a la española?

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