El follón de los test rápidos inútiles que compró el gobierno socialcomunista de España no para de crecer. Ahora resulta que los de la segunda tanda comprada tampoco son buenos, ya que sólo aciertan en un 50% de las ocasiones.

Pero es que el lío viene de lejos. Todo empezó cuando los científicos españoles que probaban los primeros test comprados a Bioeasy  Biotechnology afirmaron que la capacidad de detectar positivos de esos test era sólo del 30%, cuando para ser válidos debería ser del 80%.  

Esto provocó que el ministerio de Sanidad devolviera 9000 test defectuosos a la empresa china. Que por cierto, era una empresa que no contaba con la licencia oficial del gobierno chino para vender productos al extranjero. Luego supimos que no eran solo 9000 los test defectuosos si no 50.000. Finalmente la empresa dijo que se encargaría de sustituirlos por unos de mayor calidad.

Bueno, esos nuevos test supertecnológicos llegaron y fueron probados por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, que concluyó que no llegaban al 50% de sensibilidad.

Pero al parecer el problema real no es que los test sean defectuosos o estén en mal estado, si no que el gobierno de Sanchez compró test de “presunción” pensando que compraba test de “detección”. Ningún test rápido del mercado puede diagnosticar el coronavirus con precisión, la única prueba realmente fiable es la conocida como PCR y que conlleva varias horas de trabajo en laboratorio.

Los test rápidos comprados por el gobierno detectan el antígeno viral, ósea,  pequeñas partes del virus que se alojan en las fosas nasales del paciente. Sólo se tardan 15  minutos en obtener el resultado, pero no es un resultado realmente fiable. Si no estás enfermo el test funciona bien y da negativo con un alto porcentaje de acierto, el problema es que sólo detecta la mitad de positivos, dando la otra mitad como sanos, cuando realmente están contagiados.

De esta forma se confirma que los test no son falsificados ni están en mal estado, si no que se deben usar en los primeros días de la epidemia cuando hay pocos contagiados, para hacer un primer cribaje, tal como se hizo en Corea, no cuando la pandemia ya está desbordada. Bajo ese punto de vista, los coreanos, conscientes del margen de error prefirieron tener el 40% de 10.000 test que el 100% de ninguno. A ellos les funciono muy bien y Corea del sur triunfó en su lucha contra el coronavirus, pero lo que no tiene sentido es aplicarlos cuando un alto tanto por ciento de la población ya está infectada.

Ahora sería el momento de hacer los lentos pero eficaces test PCR de forma masiva, quizá dentro de un tiempo, una vez la epidemia vaya de bajada, llegue el momento de usar esos test rápidos y baratos para chequear el estado de amplios sectores de la población y comprobar si han desarrollado anticuerpos contra el coronavirus.

El gobierno llegó tarde, muy tarde. Hace semanas debería haber desplegado controles masivos, pero ahora mismo no sirven para absolutamente nada.

Resumiendo, no estaríamos delante de un timo al gobierno como se pensó en un primer momento, si no ante un nuevo e imperdonable error en la gestión de la crisis. Y vamos sumando.

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