Condenado a 4 años de prisión y a pagar 3,5 millones de euros por fraude en subvenciones y por falsedad en documentos mercantiles.

David Monforte tenía un sueño: crear el coche del futuro, pequeño, ágil, ecológico y asequible. El Seat 600 del siglo XXI. Bueno, en realidad no, en realidad David Monforte quería forrarse y llevárselo crudo.

David Monforte era un empresario del sector inmobiliario que decidió montarse su propia empresa de automóviles. Recibió más de 1,7 millones de euros en subvenciones para desarrollar el L6e, el prototipo vehículo eléctrico urbano que pretendía lanzar al mercado.

Pero 8 años después de recibir esa cantidad de dinero público no hay ni un solo modelo en la calle, ni si quiera en las fábricas. Es el auténtico coche fantasma.

Por este motivo, el Juzgado de lo penal de Teruel lo ha condenado a 4 años y medio de cárcel y a pagar el doble de lo recibido (3’5 millones de euros) por falsedad de documento mercantil y por fraude en subvenciones.

LA empresa que Monforte creó para llevar a cabo su “Coche fantasma” se llamó Victor & Vicente, nombre comercial de la corporación industrial Z Mobile SLU, que comenzó su actividad en 2010. Bajo la promesa de desarrollar y lanzar al mercado un coche eléctrico de reducidas dimensiones, cinco puertas y 100 km de autonomía.

El empresario aprovecho que en ese momento las instituciones pretendían reindustrializar la provincia de Teruel, para conseguir cuantiosas subvenciones:  En concreto más de 100.000€ del Instituto Aragonés de Fomento entre subvenciones y prestamos. Más de 108.000 del Instituto para la Reestructuración de la Minería del carbón, dos prestamos de más de 500.000€ de la la Dirección General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa y más de 220.00 del Departamento de Industria Comercio y Turismo Aragonés.

Para conseguir esa cantidad de dinero público, Monforte presentó infinidad de facturas falsas emitidas por una sociedad instrumental creada por él mismo llamada “Consultoría de Sociedades y Patrimonio”.

Con la pasta de la subvención compró una nave industrial en el Parque Tecnológico de Motorland (Alcañiz). Con el tiempo se descubrió que nunca llegó a invertir en maquinaria ni se realizaba prácticamente actividad. Era todo un bluff como una nave industrial de grande.

A pesar de que se ha destapado el pastel y que el propietario está condenado, la web de la empresa sigue activa e incluso se puede reservar un coche. El propio Monforte asegura que en la nave hay un prototipo que se puede probar, pero nadie ha dado constancia de él. 

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Cuantos casos habrán como este? Pero que vergüenza!!!