Los españoles nos hemos concienciado desde hace unos cuantos años con el tema del reciclaje. Todos tenemos una bolsa especial en casa donde vamos guardando los envases vacíos y sabemos que hay que tirarlo en los contenedores amarillos que encontramos en las calles.

Pero, aunque cueste creerlo, esto del reciclaje se ha hecho toda la vida en España y antes de forma mucho más efectiva.

Seguro que muchos recuerdan como antiguamente ibas a la tienda a devolver los cascos de gaseosa y de esa forma se obtenía un descuento sobre la nueva compra. Bien, pues ese sistema tan aparentemente arcaico es mucho más efectivo para cuidar el medio ambiente que el sistema de reciclaje moderno. básicamente porque el mejor envase es el que no existe. Comprando a granel y devolviendo las botellas de vidrio, como hacían nuestras abuelas, no se generan los millones de toneladas de residuos que amenazan nuestro planeta.

¿Os habéis parado a pensar por qué en el contenedor amarillo se tiran todos los envases, independientemente de su material? Da igual que sean latas o plásticos, todo va al amarillo.

¿cuál es el motivo por el cual en España usamos un sistema que no entendemos y que no sabemos a ciencia cierta cuanto se recicla?

El motivo tiene un nombre: Ecoembes, una empresa sin ánimo de lucro, que es la única responsable de la gestión del reciclaje de envases en España. Seguro que habréis visto alguna publicidad suya, ya que se anuncian en prácticamente todos los medios nacionales. Pero tras esa imagen de ONG ecologista encontramos a más de 2.200 empresas distruidoras como Cocacola, Pepsi, Procter & Gamble, Nestle, L’Oreal Unilever, Campofrío, Bimbo, Danone o Henkel. Es decir Ecoembes son las empresas que veden productos desechables.

El negocio de Ecoembes es el siguiente: en la mayoría de  productos que compramos podemos ver unas flechas que indican que el envase es reciclable, es decir que la empresa que ha producido el envase ha pagado una tasa para la gestión del residuo una vez consumido el producto. Por supuesto esta tasa acaba repercutiendo en el precio final. Es decir la pagamos los consumidores.

Este distintivo permite a las empresas lavarse las manos en cuanto a la gestión de los residuos. Todos los envases que tengan el punto verde (las flechitas) se podrán depositar en el container amarillo, pero muchos no serán reciclados porque no hay medios para separarlos ni manera de recuperarlos. Con toda probabilidad esos envases acabarán en un vertedero. Pero como los fabricantes pagaron la tasa al fabricarlos, se limpian las manos.  

Aquí entra un tercer actor en este tinglado: Los ayuntamientos, que cobran mucho dinero de Ecoembes por gestionar los contenedores amarillos. Además de ponerlos en las calles, los consistorios  se encargan de llevar los envases a las plantas de gestión de residuos, donde se separan los reciclables de los desechables y Ecoembes vuelve a pagar a los ayuntamientos en función de las toneladas de envases recogidos. Lo normal sería que la empresa pagara en función de los envases que devuelve al mercado, es decir, que recicla realmente, no de lo que se recoge en el contendor, ya que si no están bien separados pueden acabar en la incineradora municipal. Pegando un vistazo a este listado confeccionado por el país sobre en que container va cada residuo nos podemos hacer una idea de lo complicado que es separarlo todo.

El círculo se cierra cuando los fabricantes vuelven a comprar a Ecoembes los envases que han salvado para reutilizarlos. Es decir Ecoembes cobra dos veces, a la ciudadanía por la tasa del punto verde y a los fabricantes por el material separado. Mientras que los ciudadanos pagamos dos veces, pagamos más caros los productos que tienen punto verde y además pagamos los impuestos de recogida de basuras.

Sin embargo Ecoembes se jacta de ser una empresa sin “animo de lucro” y se muestra ante la ciudadanía como una ONG medioambiental, pero en la realidad son las propias grandes empresas que se forran mediante un sistema monopólico de gestión de residuos ineficaz. Sin embargo sus directivos cobran más de 13.000 euros al mes.

En España se consumen 51 millones de envases de un solo uso al día.

Si en lugar de este sistema  volviéramos al antiguo, como sucede en Alemania, donde la primera vez que compras un producto pagas un poco más por el envase y cuando lo devuelves de hacen un descuento, cada español iría regenerando sus propios envases, cambiando una botella por otra, pero se acabaría el chollo de ecoembes, cuyos beneficios van directamente vinculados a la cantidad de envases de un solo uso se consuman.

Se preguntarán ¿por qué no he oído hablar antes de este escándalo?

La razón es muy sencilla, Ecoembes, como las empresas que forman parte de su accionariado, está en todas partes, financia cátedras en universidad y la mayoría de medios de comunicación mediante publicidad. Lamentablemente sólo los medios independientes podemos hacernos eco de estos escándalos.

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